No me consta
A no ser que hayamos pasado los últimos años viviendo en una cueva, a todos nos han sacado alguna sonrisa que otra las frases y memes de “Un día eres joven y al otro …”. Llevan ya unos años circulando por internet y muchas de esas frases son muy divertidas. Las ves, te ríes y las compartes. Total, esa supuesta frontera hacia la madurez que marcan, al fin y al cabo, está muy exagerada, ahí precisamente reside su gracia. Sólo que, conforme pasa el tiempo, llega un momento en el que, además de reírte de ellas, te empiezas a ver reflejada en alguna … aunque al principio, un poquito sólo. Te ríes igual, la vas a compartir, hasta que sin previo aviso te asalta a traición ese pensamiento de “Un momento, pero si esto a veces me pasa a mi”. Y de repente esa primera reacción tuya de “Sí, sí, qué cierto” se va inclinando hacía un “¡Uy! Este me suena …” y pasando por un “¿Me estáis describiendo?” para acabar en “Pues tampoco es para tanto ¿eh?”
Podría quedarme la mar de tranquila con ese “tampoco es para tanto” y seguir con otra cosa. De hecho, esa suele ser mi estrategia llegado a ese punto. Encogerme de hombros mientras decido si esta vez opto por reenvío o borrar, porque este tampoco es que tenga tanta gracia. Al fin y al cabo, son sólo cuatro tópicos exagerados con intención de sacar una sonrisa, nada que haya que tomarse muy en serio.
Bueno, por ahora mejor dejémoslo en ‘casi’ nada que tomarse en serio.
Porque de la mano del momento en el que empiezas a verte reflejada con más frecuencia en esos ‘tópicos exagerados’, suele venir la palabra “señora”. No es que no sea consciente de que, al menos técnicamente hablando, esa palabra podría ser una descripción bastante razonable de mi persona. Tampoco es que no me hayan llamado “señora” nunca, debería estar acostumbrada … técnicamente. Lo que pasa, es que mi primera reacción, por regla general, suele ser la misma que solía tener hace unos cuantos años:
– “Señora …”
Mi cabeza, sin verbalizar nada y por supuesto sin reaccionar: – “¿Señora? ¿Qué señora?”
– “Señora ¿Me deja pasar por favor?”
Entonces sí, caigo en la cuenta de que me está hablando a mi. Me doy la vuelta, más que nada para comprobar si, por casualidad, resulta que hay una señora detrás de mí. Pero no hay nadie más, la “señora” en cuestión por lo visto soy yo, así que doy un paso hacia un lado para dejar pasar.
Y mientras doy ese paso hacia un lado, se me pasa por la cabeza que quizá el quid de la cuestión no esté en la palabra “señora” en sí, si no en quién tengo en la cabeza cuando la escucho. Porqué, para mi, de toda la vida las señoras eran otras … personas mayores que yo.

Cuando era pequeña, “señora” eran todas las adultas. Luego, de la edad del pavo en adelante, las señoras eran las mujeres situadas en algún lugar entre ‘un poco mayores que yo’ y ‘bastante mayores que yo’. Eran, por ejemplo, mi madre, aquella vecina que bajaba al mercado con el carrito de cuadros, las madres de mis amigas. No había discusión posible, eran otras.
Lo que pasa es que hay un pequeño detalle en el que mi teoría pueda estar quedándose coja: Ese “un poco mayor que yo” lleva años moviéndose conmigo. Sin embargo, mi cabeza parece haberse quedado con aquella clasificación original. Las señoras siguen siendo otras, sólo que, por algún motivo que se me escapa, el mundo parece haber decidido que cada vez hay menos distancia entre esas otras y yo . Y aquella mujer que hace veinte años me parecía una señora, probablemente entonces tendría la edad que yo tengo ahora, quizá incluso un poco menos
Si me paro a analizarlo fríamente, con mente de adulta responsable (que no de señora), tampoco es que tenga demasiados argumentos para rebatir cuando me adjudican ese título, al menos, en vista de mi fecha de nacimiento. Según eso, sí, puede que sea una señora, al menos técnicamente.
Ahora bien, suponiendo que, en teoría, la categoría de señora podría ser aplicable a mi persona, me queda una duda bastante más importante. ¿Qué se supone que hace exactamente una señora? ¿Te dan un manual o algo así? ¿Un “kit” de señora? Porque a mí, no me han dado nada de eso.
Supongo que éste es uno de esos momentos de “Un día eres joven y al otro …”. Un día todavía te ríes cuando alguien te sugiere que tu rodilla puede predecir el tiempo mejor que cualquier parte meteorológico y al otro te da por pensar que, oye, igual algo de razón tiene.
No, no, no … tampoco exageremos.
Hasta ahí podíamos llegar.
Una cosa es ya casi no pestañear cuando te llaman “señora”y otra muy distinta, dar por buena cualquier acusación.

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Señora, Flossy, lo ha calcado usted, jeje… Sí, Flossy, totalmente de acuerdo (como siempre). Primero los memes de los que te ríes pero te ves reflejada, luego el «señora» que cada vez que me lo dicen se añade un año y una cana a mi persona. Así es envejecer y en mi caso se añade una cosa más. Soy profe de secundaria y cuando ves a tu alumnado ya fuera del sistema educativo, con su profesión y hasta hijos, uuuuffffff, ahí ya se añaden veinte años: «si parece que fue ayer cuando les di clase».
En fin, la vida y que sigamos cumpliendo.
Un abrazo. 🤗
Jajaja, Merche, de aquí a nada te veo llamándome «Dª Flossy» 😱😂😂
Como profe de secundaria si que debe de ser todavía más grafico cuando te encuentras con ex alumnos ya convertidos en adultos responsables. Y aún así, no sé yo si no te pasará en alguna de esas ocasiones, que te pillas a ti misma en que por un segundo te asalta la duda de si no será demasiado joven para estar ahí sin supervisión.
En fin, yo por mi parte, mientras no me entreguen oficialmente mi manual y kit de señora, sigo manteniendo que -«A mi no me consta …»
Suscribo plenamente tu «Y que sigamos cumpliendo» 😊
Un gran abrazo
¡Flossy!
jajaja me he reído a carcajadas con tu crónica. Esa imagen de darte la vuelta para buscar a la «señora» que supuestamente estaba detrás es impagable.
Y es que el tiempo no pasa en balde, por mucho que en la cabeza nos empeñemos en que los «mayores» siempre son otros. A mí esa distancia generacional me pega de lleno cada vez que hablo con mis sobrinos. Nos separan cuarenta años y, cuando me cuentan sus cosas o me explican a qué dedican el día, tengo la certeza absoluta de que venimos de planetas diferentes; yo los escucho como si fueran marcianos recién aterrizados y sospecho que para ellos yo soy una reliquia curiosa que inexplicablemente sigue trasteando con teclados.
Así que nada de manuales ni de kits: mientras sigamos riéndonos de las etiquetas y del tiempo que corre, la chispa sigue intacta.
¡Una entrada divertidísima y certera como siempre, compañera!
¡Un fuerte abrazo!
-Tarkion.
¡Qué bueno tenerte de vuelta, Tarkion!
Leyendote, da la sensación de que has visualizado la escena, jejeje. Por supuesto que en ese momento tenía que darme la vuelta para buscar a la supuesta señora. Definitivamente ese niñato no podía estar refiriéndose a mí (de hecho muy en el fondo sigo convencida de que hubo una señora de las de verdad ahí, escondida y pasándoselo pipa con la escena).
Ahora que estamos en «petit comité» aquí en el blog y no nos oye nadie, incluso podría llegar a admitir que quizá no haya sido esa la primera vez que me lo hayan llamado y que técnicamente, por año de primera matriculación, no sería del todo imposible que pudiera serlo. Pero otra cosa muy, pero que muy distinta es identificarme con esa etiqueta. Además, a día de hoy, nadie me ha explicado todavía qué es lo que realmente se supone que hace una «señora». Así que, sintiéndolo mucho y al no saber qué se supone que debo de hacer como una, no puedo identificarme como tal.Por lo tanto, por ahora, me mantengo en mi «No me consta»
En fin, pasarán los años, acumularemos canas y les pareceremos unas reliquias a las generaciones que llegaron después de nosotros, pero mientras conservemos esa chispa que mencionas ¡Nada de etiquetas!
Muchisimas gracias por pasarte Tarkion y un gran abrazo